
Se acercan las elecciones a la presidencia de la Casa Blanca, y parece curioso, aunque cierto, que las votaciones de los estadounidenses serán tanto o más cruciales para nuestro futuro (hablo de los españoles) que nuestros mismos comicios del 9 de marzo.
Increíble, pero cierto, de la elección del Presidente de los Estados Unidos salen las consecuencias que más afectan al futuro del mundo.
Este año se disputan el puesto de candidato por el partido demócrata Hilary Clinton y Barack Obama. Lo nunca visto, una mujer, ese ser que tentó a Adam con una manzana y llevó el castigo eterno a los mortales; y un negro, según el Apocalipsis cuando un hombre de color sea Papa en Roma llegará el final del mundo. Es decir, los curas que escribieron las que iban a ser las directrices del catolicismo ya se aseguraron de que un hombre negro no pudiera llegar al máximo poder dentro de la Iglesia.
Los votantes del partido demócrata parecen convencidos y contentos con el cambio, de hecho hay un tercer candidato, Edwards, que siendo hombre y blanco no ha conseguido desbancar a quienes me estoy refiriendo en estas líneas.
Obama recrimina a la que fue primera Dama que “esto no va de blancos contra negros”, defendiéndose así de las alusiones por parte de Hilary, aunque también con esta afirmación se desvincula y gana electorado entre los blancos.
Clinton, por su parte, le acusa de republicano encubierto y le pide que salga del armario (no haciendo alusión a su condición sexual sino a su ideología política).
Acusaciones electoralistas a un lado, lo que sí es cierto es que en EEUU podría haber un cambio, pero la pregunta es ¿Notaremos el resto del mundo ese cambio?
Las encuestas demuestran que los estadounidenses no están preocupados por sus muertos en Irak, y por supuesto, mucho menos por los que han ocasionado con su política de guerra. No señor. A ellos lo que les importa son cosas más de ir por casa, es decir, si el IPC subirá un punto o dos.
No sé si ganarán los demócratas las elecciones, o si una mujer o un afroamericano (bastante clarito, por cierto) presidirán las Casa Blanca. Lo único que de momento me queda bastante claro es que la política sustentada en la Guerra de EEUU seguirá en marcha. Hilary Clintón concede carta blanca a Bush en Irán y Barack Obama no excluye la posibilidad de un ataque contra dicho país. Parece que los candidatos demócratas temen que el electorado les tache de débiles en política exterior.
Estados Unidos ve enemigos en todas partes, cree que Putin es el nuevo Stalin a derrocar. Que el laicismo romperá los cimientos de su gran y poderoso país. Hablan de “Islamofascismo” y dicen saber que los musulmanes pretender someter todo el mundo a sus creencias (como si ellos no intentaran someter a todo país que tenga petróleo).
Llego a plantearme que los políticos estadounidenses tienen manía persecutoria, no será que padecen esquizofrenia paranoide. La definición de esta enfermedad dice así: Preocupación por una o más ideas delirantes de grandeza o persecución. (Queda todo dicho).
Increíble, pero cierto, de la elección del Presidente de los Estados Unidos salen las consecuencias que más afectan al futuro del mundo.
Este año se disputan el puesto de candidato por el partido demócrata Hilary Clinton y Barack Obama. Lo nunca visto, una mujer, ese ser que tentó a Adam con una manzana y llevó el castigo eterno a los mortales; y un negro, según el Apocalipsis cuando un hombre de color sea Papa en Roma llegará el final del mundo. Es decir, los curas que escribieron las que iban a ser las directrices del catolicismo ya se aseguraron de que un hombre negro no pudiera llegar al máximo poder dentro de la Iglesia.
Los votantes del partido demócrata parecen convencidos y contentos con el cambio, de hecho hay un tercer candidato, Edwards, que siendo hombre y blanco no ha conseguido desbancar a quienes me estoy refiriendo en estas líneas.
Obama recrimina a la que fue primera Dama que “esto no va de blancos contra negros”, defendiéndose así de las alusiones por parte de Hilary, aunque también con esta afirmación se desvincula y gana electorado entre los blancos.
Clinton, por su parte, le acusa de republicano encubierto y le pide que salga del armario (no haciendo alusión a su condición sexual sino a su ideología política).
Acusaciones electoralistas a un lado, lo que sí es cierto es que en EEUU podría haber un cambio, pero la pregunta es ¿Notaremos el resto del mundo ese cambio?
Las encuestas demuestran que los estadounidenses no están preocupados por sus muertos en Irak, y por supuesto, mucho menos por los que han ocasionado con su política de guerra. No señor. A ellos lo que les importa son cosas más de ir por casa, es decir, si el IPC subirá un punto o dos.
No sé si ganarán los demócratas las elecciones, o si una mujer o un afroamericano (bastante clarito, por cierto) presidirán las Casa Blanca. Lo único que de momento me queda bastante claro es que la política sustentada en la Guerra de EEUU seguirá en marcha. Hilary Clintón concede carta blanca a Bush en Irán y Barack Obama no excluye la posibilidad de un ataque contra dicho país. Parece que los candidatos demócratas temen que el electorado les tache de débiles en política exterior.
Estados Unidos ve enemigos en todas partes, cree que Putin es el nuevo Stalin a derrocar. Que el laicismo romperá los cimientos de su gran y poderoso país. Hablan de “Islamofascismo” y dicen saber que los musulmanes pretender someter todo el mundo a sus creencias (como si ellos no intentaran someter a todo país que tenga petróleo).
Llego a plantearme que los políticos estadounidenses tienen manía persecutoria, no será que padecen esquizofrenia paranoide. La definición de esta enfermedad dice así: Preocupación por una o más ideas delirantes de grandeza o persecución. (Queda todo dicho).