jueves, 17 de enero de 2008

Un fin de semana para sobrevivir

La Asociación Valenciana contra la Anorexia y la Bulimia ha organizado un taller en el que durante un fin de semana conviven personas con trastornos de la conducta alimentaria.

Carolina Sainz Fernández

Carlota y Lucía son la cara y la cruz de una misma moneda, el polo positivo y el negativo de un imán. Ambas universitarias, inteligentes, buenas hijas y buenas hermanas.

Lucía es amiga de una tal Ana. Su vida depende de esta enfermiza amistad, y todo lo que le mueve trae consigo conseguir el aprobado de Ana. Ha dejado de estudiar para poder estar más horas con su amiga, son inseparables. Su alianza con Ana le trae problemas en casa y con los compañeros de siempre, nadie entiende esa fidelidad entre las dos. Lucía se siente incomprendida por la gente que le rodea, abandonada por quienes dicen quererla y siempre acaba llorando desconsoladamente en los brazos de Ana.

Carlota es amiga de una tal Mía. Recuerda perfectamente el día que se conocieron, al principio no le gustó demasiado, no era la amiga que esperaba, pero con el tiempo Carlota se dio cuenta de que Mía siempre estaba cuando más la necesitaba, que era una amiga dura y algo brusca, pero que siempre le daba lo que le pedía. Pasó igual que con otras amistades, se fueron conociendo poco a poco y llegó el día en que eran inseparables.

Las familias de Carlota y Lucía no están de acuerdo con estas afinidades. Observan con impotencia lo que Ana y Mía les hacen a sus pequeñas, ven como sus niñas se evaporan alentadas por sus compañeras inseparables. No es la típica amistad que no gusta a los padres, es una alianza enfermiza que está consumiendo a sus hijas y hermanas. Estas familias luchan por desenmascarar a las amigas que están destrozando la vida de sus seres queridos y lo hacen llamándolas por su nombre, anorexia y bulimia.



Los últimos viernes de mes la Asociación Valenciana Contra la Anorexia y la Bulimia (AVALCAB) organiza terapia con los familiares y amigos de los afectados por trastornos alimentarios compulsivos. Les acercan a la realidad de estas enfermedades, dado que en la mayoría de los casos los parientes de quienes padecen estos trastornos no saben cómo deben actuar.

Tal y como dice Sara “Es el momento de encontrar soluciones, no culpables”. Sara es una trabajadora social de AVALCAB, pero su relación con enfermos con trastornos de la conducta alimentaria es más que un trabajo. Ella se ha involucrado tanto que hace suyo cada uno de los casos que le llegan a la asociación; Sara quiere ocupar el vacío que sienten chicas como Lucía y Carlota cuando abandonan a Ana y a Mía. Afirma que tiene mucho que dar y recibir y que los grupos de orientación familiar, de apoyo y de ayuda mutua que ofrecen en AVALCAB proyectan esperanza más allá de los momentos críticos y ayudan a aceptar las situaciones difíciles que a veces toca vivir.

La asociación AVALCAB ha organizado una convivencia para las chicas enfermas y sus familiares, se trata de un fin de semana en un hotel rural en la Sierra Perenchiza, es en la escuela de tantra Namaste. Es la primera vez que se hace este tipo de convivencia, no obstante, Madhu Amparo Román, directora del centro, afirma que esta será una experiencia grata para compartir y disfrutar con otras mujeres que quizás estén viviendo experiencias comunes, para así comprender, sentirse escuchadas y entendidas.


Junto con Sara, Madhu Amparo Román organiza el fin de semana, durante los dos días que pasen las chicas en el hotel rural la directora del centro les impartirá el taller “Esencia de mujer”. Un taller que tal y como explica Madhu, así ha pedido que la llamen, dará las claves para que las chicas enfermas reconozcan su esencia, les dará el poder para amarse de verdad a ellas mismas, celebrarse y honrar a la mujer sabia que todas llevan dentro.



Lucía llega de las primeras al centro, hace frío y va muy tapada. Busca su habitación, elige la parte de bajo de una litera. Se acerca al grupo de mujeres, Sara se aproxima a ella y le da un beso de bienvenida. Lucía observa, hay madres, hermanas e incluso abuelas; muchas personas están preocupadas por ellas y que han acudido al taller “Esencia de mujer” alentadas por Sara buscando una solución.

Las habitaciones ya están repartidas y Sara hace el último recuento, parece que falta una de las chicas, se trata de una de las enfermas de bulimia, Carlota no se ha presentado. No obstante estas cosas ocurren y todo debe continuar. La treintena de mujeres entra descalza en una sala y se sientan en círculo. El taller “Esencia de mujer” acaba de empezar.

Las mujeres se presentan y hablan de su situación, una a una hablan y se escuchan, hasta que le llega el turno a Lucía: “Hola me llamo Lucía, tengo 21 años y padezco anorexia desde los 13. Lo que espero de este taller es poder llegar a decir que ya no estoy enferma.” En ese momento se abre la puerta, es Carlota que llega tarde. Tiene los ojos llorosos y no presenta una buena cara. El círculo se abre para que la chica nueva se siente junto a ellas y llega su turno: “Hola me llamo Carlota, tengo 23 años. A los 14 empecé una dieta muy estricta y desde entonces estoy obsesionada. Mi madre y mi psiquiatra dicen que padezco bulimia. Lo que espero de este taller es poder dejar de ser tan cruel conmigo misma”.

Al acabar con las presentaciones Madhu Amparo Román empieza a hablar sobre la esencia de ser mujer: “Las mujeres hemos avanzado mucho a través del tiempo, aún así muchas veces nos sentimos confundidas, agotadas, insatisfechas en nuestra vida. Somos el eje central de nuestra casa, nos perdemos en mil responsabilidades, nos exigimos demasiado y sacrificamos nuestros deseos. Es hora de sacar la basura y llenar nuestra casa de flores”.



Durante dos días las mujeres conviven entre ellas, se cuentan secretos y hablan sin tabúes de sus miedos y anhelos. Aprenden a relajarse, a respirar, buscan entre sus recuerdos y examinan sus infancias. Profundizan sobre ellas mismas e intentan conocerse mejor para tratar de ser más completas y felices. No hablan mucho de comida, ni de conductas concretas con la alimentación, hablan de sí mismas. Comparten una experiencia única con el único objetivo de ser, más felices y llevar una vida más sana.

Expertos en la materia coinciden en que las personas que padecen trastornos con la alimentación tienen en común varias características, son personas muy perfeccionistas consigo mismas y la mayoría con madres exigentes y demasiado protectoras. En el taller Madhu intenta romper esos lazos que tanto las oprime, busca que ellas examinen las relaciones que tienen con sus entornos. Las lleva a adentrarse en una búsqueda interior.

Carlota y Lucía están en la misma habitación, comen juntas y en los momentos de descanso pasean por las inmediaciones del hotel. Se cuentan sus historias, hablan sobre cómo empezó todo y cómo se enfrentan en la actualidad a la enfermedad. Se miran a los ojos y se entienden. Con el tiempo podrían ser amigas, pero amigas de verdad, no como Ana y Mía. Las dos hablan de que se sienten solas, sin saber cómo se han visto sin sus amigos de toda la vida. Lucía les excusa: “Es normal que ya no estén ahí, con los cambios de humor que tengo reconozco que soy un poco insoportable. Ni yo misma sé si sabría entenderme”. Las dos se miran y asienten, parece que se entienden con solo mirarse.

Madhu está ilusionada con el curso, es la primera vez que trata a personas con estas características, pero cuando Sara se lo propuso no pudo negarse a ofrecer sus enseñanzas a estas mujeres: “Este curso nació en una noche oscura de 1996. Al acostarme pedí con todas mis fuerzas a dios que me diera luz para comprender aquel momento de crisis tan importante en mi vida. ¡Se me dio la claridad! Comprendí que todas las crisis traen consigo un cambio, que representan momentos sagrados para crecer y evolucionar. Depende de
nosotras como vivamos estas etapas y como utilicemos sus enseñanzas. Desde entonces ofrezco el resultado de mi propia búsqueda y experiencia, en un camino interminable de coraje y perseverancia, gratitud, amor y perdón, que me sigue motivando para compartir con mujeres que estén decididas a hacer un cambio en sus vidas. Estoy convencida de que este curso puede ayudar a las chicas que sufren con la comida”.

El curso acabó un domingo por la tarde. Al despedirse todas las mujeres se besaron en las mejillas con fuerza, sintieron que había nacido un fuerte vínculo entre ellas. Lucía y Carlota se fundieron en un fuerte abrazo que duró unos segundos, ambas se desearon mucha suerte en la vida. Entre ellas ha surgido una verdadera amistad, una afinidad que nada tiene que ver con la que tenían con Ana y Mía.

1 comentario:

AVALCAB dijo...

Gracias por esta entrada. :)

Indicar únicamente que la asociación AVALCAB tiene nueva página web en http://www.avalcab.org :)